Devocional del 02-10-2017

UN TESTIMONIO PROCEDENTE DE CAMBOYA

No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Romanos 1:16

Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Mateo 9:2

Bao, alistado por los jemeres rojos a la edad de 17 años, estaba completamente traumatizado por la guerra. Vio cómo mataban a sus mejores amigos. Un día su unidad capturó a un soldado enemigo a quien se le preguntó si tenía una última voluntad. El prisionero no pidió un cigarrillo, como era costumbre, sino que le leyesen un pasaje del libro que tenía en su bolsillo. Bao empezó a leer en voz alta: “Jesús dijo...”. Pero repentinamente fue interrumpido por un fuerte ruido, y no pudo seguir leyendo. Un helicóptero de combate los atacó y, en medio de la confusión, el prisionero escapó.

Al día siguiente Bao preguntó al jefe de su unidad: «¿Qué fue lo que Jesús dijo?». Este último lo miró asombrado. Bao continuó: «Mire, sin duda es algo importante para que ese tipo quisiese escucharlo antes de morir». Su jefe se enfureció y le dijo que iba a contárselo al comisario político. Bao sabía que tendría serios problemas, pero ese día su tropa fue atacada y Bao fue el único sobreviviente.

Permaneció cuatro años más en la milicia. Cada día se preguntaba qué había dicho Jesús. Al final encontró una Biblia. Bao dio el siguiente testimonio: «Por fin descubrí qué había dicho Jesús, y decidí que yo también quería morir oyendo esas palabras». Y continuó diciendo: «Dios quería salvarme; me liberó para que yo pudiese escuchar lo que Jesús dijo».

Por cierto, el mensaje de Jesús es vivo y se dirige a cada uno de nosotros.

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