Devocional del 07-12-2017

POSEÍDO POR EL PECADO

Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. Salmo 79:9

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1

Martín Lutero (siglo 16) estaba convencido de que su vida, y todo su ser, estaban marcados totalmente por el pecado. Sabía que era prisionero del diablo, condenado a la muerte eterna. El pecado, que había heredado al nacer, lo atormentaba continuamente. Sabía que su vida no podía producir nada bueno, pues estaba poseído por el pecado.

Había tomado conciencia de lo que declara la Palabra de Dios: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Todos necesitamos ser liberados de este estado de pecador para poder ser salvos. Dios quiere que exploremos las profundidades íntimas de nuestro corazón, quiere que su luz nos ilumine. Así me hace ver lo que soy por naturaleza, es decir, pecador, incapaz de hacer el bien.

Entonces, tal como un hijo reconoce sus faltas ante un padre lleno de amor, todo ser humano puede reconocer sus pecados ante Dios y arrepentirse, como lo hizo Lutero. Nadie merece el perdón de Dios. Sin embargo, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

¿Por qué Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, para purificarnos de nuestras iniquidades? Porque su Hijo llevó el castigo que nosotros merecíamos, y así quedamos libres. Lutero comprendió esto leyendo la Biblia.

Jesucristo “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

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