Devocionales

Elija el año y mes que desea ver

Día 01

EL SUFRIMIENTO Y LA GLORIA

Una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Mateo 17:5

Dos escenas de los evangelios presentan la persona de Jesucristo de manera muy diferente: su transfiguración y su crucifixión.

Jesús tomó a tres de sus discípulos y los llevó aparte a una montaña; allí se transfiguró delante de ellos, “resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17:2). Sin embargo, el profeta Isaías dijo con respecto a Cristo y su sufrimiento: “De tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14).

En la montaña de la transfiguración, “sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos” (Marcos 9:3). Pero en la cruz del Gólgota Jesús, despojado de sus vestiduras, coronado de espinas y clavado en un madero, quedó expuesto a las miradas de todos los que pasaban. “Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Juan 19:24).

En la montaña apareció la nube de la presencia de Dios, pero en la cruz todo era tinieblas; el Hijo de Dios estaba solo.

En la montaña la voz del Padre se hizo oír: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5). En la cruz se oyó el insondable clamor de Jesús: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46; Salmo 22:1).

¡La felicidad y la libertad de los creyentes costaron un precio muy alto! “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?” (Lucas 24:26).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

Ver solo este devocional

Día 02

¿QUIERES SER SANO?

Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado... le dijo: ¿Quieres ser sano?... Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado. Juan 5:5-9

Algunas preguntas de la Biblia

Esta pregunta nos sorprende. Todos deseamos ser curados, entonces, ¿por qué Jesús hizo esta pregunta a un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años?

Traslademos la situación al plano moral:

–¿Quiero ser sano de mi tendencia a hacer el mal, ser liberado de mi culpabilidad, de ese vacío que siento desde hace tanto tiempo? La pregunta es muy pertinente: ¡para ser sanado primero hay que desearlo!

 

–Este hombre deseaba ser sanado. Pero no sabía qué hacer, pues era paralítico y no tenía quién le ayudase... Era consciente de que su situación no tenía solución.

–Yo también traté de mejorar, pero debo reconocer que soy incapaz. ¿Cómo puedo liberarme del mal que hay en mí? ¡Nadie puede ayudarme!

–Jesús vio la desesperación de ese paralítico y le dijo: “Levántate, toma tu lecho, y anda”. ¡Al momento el paralítico fue curado y empezó a caminar!

–La curación moral que Jesús me ofrece es igual de repentina y maravillosa. Él llevó en la cruz esa culpabilidad que me agobiaba, las dudas que me carcomían, la condenación que merecían mis pecados y mi naturaleza opuesta al bien. ¡Me ofrece el perdón! Es como si me dijese: «Levántate y anda. Mira, puedes orar a Dios como a un Padre, eres libre. ¡Ven, sígueme!». Que mi respuesta sea: ¡Sí, Señor Jesús, voy a ti tal como soy!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

 

Ver solo este devocional

Día 03

ERA UN ESCLAVO ENCADENADO POR SATANÁS (1)

Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis. Romanos 6:16

Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:36

Testimonio

«En mi niñez no fui feliz, pues todo el ambiente familiar estaba ensombrecido por el alcoholismo de mi padre. Aspiraba a encontrar amor y consuelo. Cuando tenía alrededor de 18 años me uní a un grupo de jóvenes marginales. Vivíamos en una época llena de idealismo y pensábamos que era posible tener una vida diferente, pero la decepción estuvo a la altura de la esperanza. Me sentía profundamente infeliz, mi única aspiración era la esperanza egoísta de que los demás pudiesen responder a mis deseos.

Un día recibí una carta de mi hermano mayor en la que me decía que había descubierto a Jesús y que su vida había cambiado totalmente. También me envió una Biblia y me invitó a leerla. Me alegraba por él, pero durante un año, a pesar de algunos intentos por leer la Biblia, no sucedió nada. Me estaba sumiendo en una desesperación cada vez más profunda. Un día quise saber qué contenía ese libro. Me retiré de mi entorno durante tres semanas para leer la Biblia. Cada noche, antes de abrirla, oraba a Dios diciendo: «Si lo que mi hermano dice es cierto, no hay ningún motivo para que no sea cierto para mí también». Aconsejado por mi hermano, leí el Nuevo Testamento, pero no comprendí gran cosa.

Sin embargo, una noche mientras leía quedé como fulminado interiormente. El texto hablaba del diablo, fue como una revelación. Yo creía que era libre, pero Dios me mostró que no lo era».

(mañana continuará)

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 04

ERA UN ESCLAVO ENCADENADO POR SATANÁS (2)

Dios... saca a los cautivos a prosperidad. Salmo 68:6

(Dios) nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Colosenses 1:13-14

«Era un esclavo encadenado y no pertenecía a Dios sino a Satanás, quien solo tenía un objetivo: conducirme a la muerte. También comprendí que solo Jesús tenía el poder para hacerme cambiar de vida. Jesús había venido para liberar a los hombres de sus cadenas y del poder de Satanás. Comprendí que Jesús había muerto para llevar sobre sí mismo todas las suciedades de mi vida. Me invitaba a dejarlo entrar en mi corazón.

Me puse de rodillas, solo en mi habitación, y allí le dije que no soportaba más ser la persona que era, que quería cambiar, y le supliqué que me salvase. Ya no podía hablar; sentía que Satanás no quería soltarme. Luego, de repente, llegó la calma total. Un profundo gozo llenó mi ser y echó fuera todas las tinieblas. En seguida experimenté una seguridad total: Dios me había oído. Ya no estaba solo; el Espíritu de Dios venía a morar en mí.

A partir de ese momento todo lo que formaba parte de mi vida pasada dejó de existir. Mis centros de interés fueron transformados. Solo tenía un deseo: leer la Biblia. Poco después de mi conversión escribí una carta a mi padre y le pedí perdón por todos los problemas que le había causado.

Eso fue hace treinta años. Durante todo este tiempo Dios veló sobre mí, me enseñó a conocerle mejor, a amarle y a servirle».

Thierry

“La paz de Dios gobierne en vuestros corazones... y sed agradecidos” (Colosenses 3:15).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 05

TRABAJAR PARA EL SEÑOR 

A cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Efesios 4:7

Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. Hebreos 10:24

Aunque no todos los creyentes trabajan en la misma medida en Su obra, el Señor Jesús se interesa en todo lo que se hace para él y aprecia el esfuerzo de cada uno. No todos tenemos las mismas capacidades, la misma energía y las mismas ocasiones de servirle. El Señor solo nos pide poner a su disposición lo que nos ha dado. Algunos ejemplos de la Biblia deberían estimularnos:

–Un niño tenía cinco panes y dos peces. Jesús los empleó para alimentar a 5.000 personas (Juan 6:9-13).

–Bernabé vendió un terreno y puso el dinero a disposición de los apóstoles (Hechos 4:35-37).

–Dorcas hacía ropa, según sus capacidades, para las viudas pobres (Hechos 9:39).

–Lidia, la vendedora de púrpura, recibió al apóstol Pablo y a sus compañeros en su casa (Hechos 16:14-15).

–Febe, como sierva de la asamblea, fue una ayuda para Pablo y muchos otros cristianos (Romanos 16:1).

–Priscila y Aquila, colaboradores del apóstol Pablo, arriesgaron su vida por él (Romanos 16:3-4).

Todos estos cristianos trabajaban para el mismo Maestro. A cada uno de ellos el Señor dirá un día: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

Mientras esperamos la venida de nuestro Señor, seamos fieles en lo que nos confía.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 07

AÚN EN LA CÁSCARA

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. 1 Corintios 2:9

El alma en el interior del cuerpo humano puede ser comparada al pajarito escondido en la cáscara del huevo. Si por algún medio el pollito pudiera enterarse de que al exterior del huevo existe un vasto mundo lleno de luz, flores, praderas, ríos, colinas; si se le dijera que todo es magnífico, que sus padres viven en ese mundo y que él mismo formará parte de él cuando salga de su prisión, no entendería nada y no creería nada de lo que se le dice. Si usted pudiera explicarle que un día verá todo esto con sus pequeños ojos, que volará con sus alas aún imperfectas, tampoco creería; ninguna prueba lo convencería.

Así mucha gente no cree en la vida futura ni en la existencia de Dios, porque no puede verlas mientras está en su «cáscara» terrenal. Su imaginación, semejante a ojos cerrados, a alas demasiado débiles, es incapaz de volar más allá de los límites de su razón; no puede ver con sus ojos físicos las cosas espléndidas y eternas que Dios preparó para los que le aman.

El hombre, criatura limitada, necesita la fe para elevarse al nivel de los misterios del Dios infinito. Es imposible que el ser humano con su inteligencia limitada pueda penetrar en las profundidades de los secretos divinos con los únicos medios que posee en sí mismo.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve... Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:1, 7).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 08

LOS SIETE MILAGROS DE JESÚS (1)

Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él. Juan 2:11

En su evangelio el apóstol Juan relata solamente siete milagros de Jesús entre tantos otros que hizo, a favor de los que le rodeaban (Juan 20:30-31). En la Biblia, los milagros ponen en evidencia el poder de Dios. A veces son llamados “prodigios”, porque suscitan la admiración, o “señales”, porque centran nuestra atención sobre lo que Dios quiere revelarnos. Los milagros que Jesús hizo son señales que nos muestran diferentes aspectos de su persona. Nos han sido dados para invitarnos a creer en él (Juan 2:11).

–El primer milagro de Jesús fue cambiar el agua en vino (Juan 2:1-11). Es la señal de que él regocija el corazón del creyente y hace “nuevas todas las cosas”. En las bodas de Caná, las seis tinajas de piedra, que contenían el agua empleada para las purificaciones rituales, son símbolos de la antigua religión, dominada por la “ley”. Pero, en contraste, el milagro del agua transformada en vino da testimonio de que en Jesús el reino de Dios está presente, un reino de amor, de paz y de gozo.

–El segundo milagro que Jesús hizo fue curar a un enfermo a distancia, mediante una frase (Juan 4:46-54). Un hombre le pidió que fuese a ver a su hijo enfermo. Jesús le respondió: “Ve, tu hijo vive”. El hombre creyó, regresó a su casa y encontró a su hijo sano. La palabra de Jesús es poderosa para dar la vida. ¡Escucharla y recibirla es vivir! Este hombre le tomó la palabra a Jesús. Así es como deberíamos recibir la Palabra de Dios. Pidámosle que toque nuestros corazones para que creamos lo que nos promete.

(mañana continuará)

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 09

LOS SIETE MILAGROS DE JESÚS (2)

Se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Juan 6:18-20

–El tercer milagro que Jesús hizo fue sanar a un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años, quien reconocía su total incapacidad para salir de su situación por sí mismo (Juan 5:1-9). Esta historia nos muestra que Dios puede liberarnos, independientemente de nuestra edad o situación: basta reconocer nuestra propia incapacidad.

–Cuarto milagro (Juan 6:1-15): Jesús alimentó de forma milagrosa a 5.000 personas con cinco panes y dos peces, señal de que Jesús es el pan de vida, como lo declaró después, añadiendo: “El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). En el corazón humano hay necesidades semejantes al hambre y la sed, las cuales solo Jesús puede apaciguar.

–Quinto milagro (Juan 6:16-27): Jesús caminó sobre las aguas, señal de que las fuerzas de la naturaleza están sujetas a su autoridad. Este milagro manifiesta su divinidad (Salmo 77:15-20; Job 9:8). Por ello los discípulos tuvieron miedo cuando vieron a Jesús, pero al escuchar su voz, se tranquilizaron; y en el momento en que le recibieron, su barca llegó a tierra al lugar a donde querían ir. Al reconocer a Jesús, al escuchar su voz, pasaron de la agitación, de la turbación (figurado por el mar), a la paz, la serenidad.

Este pasaje muestra el verdadero carácter de la fe. La fe cristiana confía en Jesús, quien nos acerca a Dios y hace que esté a nuestro lado.

(mañana continuará)

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 10

LOS SIETE MILAGROS DE JESÚS (3)

Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Juan 20:30-31

–Sexto milagro (Juan 9:1-12): Jesús dio la vista a un hombre que había nacido ciego. Era un cumplimiento de la profecía: “Te pondré por... luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos” (Isaías 42:6-7). El ciego que ahora veía sabía que Jesús era el Hijo de Dios, pues él mismo se lo había dicho. Él creyó y adoró (Juan 9:38). Jesús nos hace ver espiritualmente, es la fe. Por el contrario, los fariseos que pretendían “ver”, espiritualmente quedaron cegados, es decir, fueron incapaces de discernir quién era Jesús. No es nuestro conocimiento religioso lo que hará que veamos las realidades del Evangelio, sino la fe en Cristo.

–Séptimo milagro (Juan 11:17-44): Jesús resucitó a Lázaro, muerto desde hacía cuatro días. Así Jesús mostró que él es la resurrección y la vida. La vida de los vivos y la resurrección de los muertos, “para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9). Quizás usted o uno de sus seres queridos está en una situación difícil. ¡Mire a Aquel que resucita a los muertos! De una vida estropeada, el Señor puede hacer relucir una vida nueva para su gloria.

Estos siete milagros que Juan recopila en su evangelio traducen en acción las glorias de Jesús: Él inaugura un nuevo orden, comunica la vida, ejerce el juicio y controla las fuerzas de la naturaleza. Es el pan de vida, la luz del mundo. Es la resurrección y la vida. Podemos y debemos creer en él.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 11

¿QUÉ ES NUESTRA VIDA?

¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano del Señor la hizo? En su mano está el alma de todo viviente, y el hálito de todo el género humano. Job 12:9-10

Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo. Salmo 103:14

Santiago 4:14

Tenemos la tendencia a instalarnos en la tierra y a hacer proyectos como si nuestra vida fuese ilimitada. ¿Olvidamos que el espíritu de cada hombre está en las manos de Dios? ¿O queremos liberarnos de esta dependencia y tratar de explicar nuestra existencia mediante el fruto del azar y la acción del tiempo? ¿Hemos apreciado las bendiciones de Dios, lo que pone en nuestras manos, es decir, la vida y las innumerables capacidades? ¡Él tiene derecho de recibir algo a cambio! (Mateo 25:15-28). En vez de reconocer que fue Dios quien nos las dio, corremos el riesgo de utilizarlas en nuestro propio detrimento. Pero, en su gracia, Dios no nos paga según nuestras iniquidades. En efecto, se acuerda de que somos polvo, un “soplo que va y no vuelve” (Salmo 78:39).

Si nuestra vida solo es una “neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (Santiago 4:14), no olvidemos que nuestra alma nos será pedida (Lucas 12:20).

En la escala divina, todos nuestros proyectos son vanidad (Eclesiastés 1:14). Y, “¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26). El rey Salomón dijo: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1).

¿Cómo recordarlo? ¡Leyendo la Palabra, orando!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 12

¿CÓMO PODEMOS CREER?

(Jesús dijo:) ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? Juan 5:44

Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Juan 12:46

Algunas preguntas de la Biblia

Jesús da este consejo: leer atentamente las Escrituras (la Biblia), pues “ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).

Y añade: “No queréis venir a mí para que tengáis vida” (v. 40). Es a él a quien debemos ir. Pero nuestra propia voluntad puede ser el primer obstáculo que nos impide aceptar su oferta. Ir a Jesús para tener la vida es aceptar un verdadero acercamiento, sin sombras, porque Jesús es la verdad. ¿Esto va a orientar nuestra decisión? Sea como sea, la invitación del Salvador es generosa, liberal, gratuita: “Venid a mí todos los que estáis trabajados...” (Mateo 11:28). Pero Dios no fuerza a nadie, pues respeta al hombre. Cada uno está invitado a responder: «¡Sí, voy!».

Otro obstáculo puede presentarse a la fe: el hecho de buscar la gloria que viene del hombre. Esto consiste en decir: «¿Qué van a pensar si acepto el Evangelio? ¿Podré conservar mis amigos, mi reputación, la consideración de los demás?».

¡Sin embargo, la verdad es mucho más valiosa que la reputación! Jesús nos enseña que debemos buscar “la gloria que viene del Dios único”, es decir, buscar su aprobación, tratar de agradarle humildemente y cueste lo que cueste. Así experimentaremos la verdadera libertad y una profunda paz. Jesús también dijo: “Todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla” (Mateo 7:8). El Señor va al encuentro de todo el que lo busca.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 13

UN DESTINO INCOMPARABLE

Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. Mateo 26:2-4

Nadie sabe de antemano lo que le reserva la vida; nadie, excepto el Hijo de Dios. Jesús sabía perfectamente todo lo que le iba a suceder. Sabía que iba a nacer en medio de la pobreza, que poco después de su nacimiento un rey trataría de matarlo, que durante toda su vida sería incomprendido y odiado por sus conciudadanos, que finalmente sería condenado a morir crucificado. Anunció su suplicio incluso antes de que los jefes religiosos decidiesen qué hacer con él. Él prosiguió su camino hasta aceptar la muerte en la cruz: “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8).

¡Su actitud es un misterio para la razón! Solo la fe puede apreciar el amor de Jesús, que lo hizo seguir un camino tan duro para salvar al hombre. Esta vida de sufrimiento hasta la cruz hizo resaltar la obediencia de un hombre totalmente consagrado a la obra que Dios le había encomendado, de un hombre que, con pleno conocimiento de lo que le iba a suceder, nunca dio marcha atrás. Solo él, el hombre sin pecado, tuvo que soportar el juicio de Dios contra nuestros pecados: “El castigo de nuestra paz fue sobre él... El Señor cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:5-6).

Jesús también sabía que la muerte no podía retenerlo, y que debido a su perfección de hombre obediente, Dios lo resucitaría de entre los muertos, lo llevaría al cielo y lo glorificaría: ¡qué final tan glorioso!

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 14

LA CRUCIFIXIÓN DE JESUCRISTO (1)

Jesús... anduvo haciendo bienes y sanando... Hechos 10:38

(Pilato) les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ningún delito digno de muerte he hallado en él... Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado... Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían. Lucas 23:22-24

La crucifixión, «ese castigo de los más crueles y viles», según las palabras de Cicerón (autor latino del 1er siglo), era infligido por los romanos a los esclavos fugitivos y a los extranjeros criminales y rebeldes. Miles de condenados lo sufrieron, hasta que el emperador Constantino lo prohibió en el año 320.

Los evangelios relatan que Jesucristo fue condenado a esta muerte horrible. Pero, ¿qué crimen había cometido? Había manifestado compasión por los pobres, los abandonados, había alimentado a las multitudes, sanado a los enfermos, resucitado a muertos... Las multitudes se daban prisa para escuchar sus palabras de sabiduría y gracia. Pero Jesús también desenmascaraba las hipocresías y denunciaba el mal. Entonces, ¿por qué fue condenado? Las autoridades religiosas, celosas de su influencia, lo detuvieron y, después de un simulacro de juicio, lo acusaron de blasfemia porque había declarado que era el Hijo de Dios. Lo entregaron a la autoridad romana para que lo matasen. Pilato, aunque en tres ocasiones reconoció la inocencia de Jesús, cedió a su presión y lo condenó al suplicio de la cruz.

Pero, ¿fue esta la única razón de la muerte del Cristo? ¿Podemos considerarla solo como el resultado de un proceso inicuo, de un error jurídico voluntario? La Biblia nos señala otro aspecto sorprendente: “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas?” (Lucas 24:26).

(mañana continuará)

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 15

LA CRUCIFIXIÓN DE JESUCRISTO (2)

Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo... Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros... Fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo. Romanos 5:6-10

Los hombres tienen una gran responsabilidad en la muerte de Jesucristo. Pero, ¿se puede reducir esta muerte a una decisión jurídica injusta?

Los evangelios nos revelan otro aspecto: Jesús sabía por adelantado lo que le esperaba. Lo había dicho varias veces a sus discípulos: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán” (Mateo 17:22-23). Jesús, pues, sabía esto, sin embargo había decidido ofrecerse voluntariamente a Dios y dar su vida para salvar a la humanidad.

Dios es santo, absolutamente separado del mal, y el pecado (la desobediencia a Dios) es totalmente incompatible con su santidad. Pero Dios también es amor y se compadece de nosotros los pecadores. ¿Cómo pudo conciliar su santidad y su amor? La cruz de Jesucristo es la respuesta divina a esta pregunta. Jesús aceptó morir en una cruz por obediencia a Dios, quien lo había enviado, y por amor al pecador. Él, que no tenía pecado, tomó los nuestros sobre sí y sufrió el castigo. Jesús tomó el lugar de los culpables. El precio fue pagado y la justicia de Dios fue satisfecha. Dios es justo al perdonar totalmente a todos los que reconocen que Jesús murió para expiar sus pecados.

Cristo murió un viernes por la noche y fue puesto en la tumba, ¡pero la muerte no pudo retener al Hijo de Dios!

(mañana continuará)

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 16

LA CRUCIFIXIÓN DE JESUCRISTO: LA SEPULTURA Y LA RESURRECCIÓN (3)

Hallaron removida la piedra del sepulcro... no hallaron el cuerpo del Señor Jesús... He aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y... les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Lucas 24:2-6

Algunas mujeres, que habían seguido a Jesucristo durante su vida, asistieron con dolor a su crucifixión y a su sepultura. Su tumba había sido tallada en la roca y cerrada con una enorme piedra. Los jefes religiosos temían que los discípulos de Jesús robasen su cuerpo, por eso sellaron la piedra y unos soldados la vigilaban.

Estas mujeres, al amanecer del primer día de la semana (domingo), fueron a la tumba para embalsamar el cuerpo de Jesús con especias aromáticas. Ellas se preguntaban: “¿Quién nos removerá la piedra?” (Marcos 16:3). A su llegada quedaron estupefactas, ¡la piedra estaba removida y la tumba vacía! Unos ángeles les declararon: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ... ha resucitado”. Llenas de gozo dejaron la tumba y recordaron que, efectivamente, Jesús había anunciado su resurrección.

De este modo se cumplieron los planes de Dios. ¡A la aparente derrota pública de Jesús en la cruz, le siguió su victoria sobre la muerte! ¡La muerte está vencida! Jesús se apareció vivo a María, y después a los discípulos (Juan 20:11-23). Luego, más de 500 personas lo vieron a la vez (1 Corintios 15:6). Ignacio, historiador del segundo siglo, escribió: «Jesús murió realmente, fue sepultado y resucitó de entre los muertos». ¡El Hijo de Dios vive para siempre! La resurrección de Jesucristo es la prueba y la garantía de la resurrección de los creyentes y de una vida eterna de felicidad junto a él.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 17

DE LA MANO

Yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria. Salmo 73:23-24

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios... Amados, ahora somos hijos de Dios. 1 Juan 3:1-2

Desde mi ventana observé a una niña que caminaba por la acera de enfrente. Tenía más o menos dos años. Entonces pensé: esta niña apenas sabe hablar. ¿Conoce su apellido, su dirección, su número de teléfono? ¡No! ¡Apenas sabe su nombre! ¿Sabe a dónde va? Tampoco. ¿Está preocupada? ¡Para nada! Anda con paso firme, pues sabe una cosa: el hombre que camina a su lado es su papá y puede confiar totalmente en él. Su pequeño brazo está levantado, ella toma su mano. ¡Si su padre decidiese dejarla sola en la acera, sería una catástrofe! Pero esta idea ni se le ocurre. La toma con firmeza... Van tomados de la mano, y este contacto silencioso es toda la seguridad de la niña.

Esta relación tan dulce y sencilla entre un padre y su hija está llena de sentido para el cristiano, pues todo cristiano es un hijo de Dios, y Dios es un Padre lleno de ternura.

Un padre espera implícitamente de su hijo una confianza así. Para nuestro Padre celestial, esta confianza tiene un valor inmenso. El cristiano, si fuese abandonado a sí mismo, estaría sin recursos en la vida. Pero, aunque ignora el camino por donde ha de pasar, le basta saber que Dios conoce todo de antemano y que puede dejarse llevar por esta mano divina.

“Yo soy el buen pastor... (El pastor) va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz” (Juan 10:14, 4).

“Así los apacentó conforme a la integridad de su corazón y con la habilidad de sus manos los pastoreó” (Salmo 78:72, V. M.).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 18

NUESTRAS FAMILIAS

Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. Hechos 16:31

Yo y mi casa serviremos al Señor. Josué 24:15

Con razón muchas personas se conmueven al ver que la célula familiar se desintegra, pues la familia es la estructura sobre la cual está fundada toda la sociedad.

La Biblia habla mucho de la familia. Nos dice que Dios conoce a cada familia: “... el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:15). La casa del creyente tiene una posición privilegiada, pero también una gran responsabilidad.

–Privilegiada porque el deseo de Dios es salvar la familia del creyente. Es cierto que cada miembro de esta familia tendrá que creer personalmente en Jesucristo para ser salvo, pero el plan de Dios es bendecir tal casa. Noé “preparó el arca en que su casa se salvase” (Hebreos 11:7), de manera que él y los suyos escaparon del diluvio.

–Una gran responsabilidad, porque los padres deben enseñar a sus hijos las preciosas verdades de la fe y ponerlas en práctica ante ellos. ¡Feliz el hogar donde padres e hijos acostumbran reunirse un momento cada día para leer la Biblia, orar y cantar himnos juntos! Los hijos serán criados “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).

“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

Quizás usted diga que este cuadro idílico no se parece al de su casa... ¿Le gustaría que eso cambiase? ¡Entonces deje a Jesucristo entrar en su hogar y llenarlo con su presencia! Como a Zaqueo, el Señor nos dice: “Hoy es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:5).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 19

EL ESCUDO DEL CREYENTE

El Señor es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado. Salmo 28:7

Tomad toda la armadura de Dios... Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Efesios 6:13, 16

El escudo, arma defensiva muy antigua, todavía es utilizado por las fuerzas policiales. La Biblia menciona frecuentemente este instrumento de defensa de los guerreros. Pero muy a menudo la palabra escudo es empleada en sentido figurado.

Dios se presenta como un escudo que asegura la protección del que confía en él. Fortaleció a Abraham mediante estas palabras: “No temas... yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande” (Génesis 15:1). Para expresar su agradecimiento a Dios, quien lo libró de sus enemigos, David escribió este cántico: “Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo... mi alto refugio” (2 Samuel 22:3).

Para todos los creyentes, hoy Dios sigue siendo ese escudo que los protege. Pueden decir, al igual que el apóstol Pablo: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

El escudo forma parte de “toda la armadura de Dios” que está a disposición del creyente. Es llamado el escudo de la fe porque representa la confianza en Dios quien lo protege de los ataques del diablo, de sus “dardos de fuego”. En efecto, Satanás trata de desestabilizar al creyente para impedirle obedecer a la Palabra de Dios e introducir dudas en su mente. Esos “dardos de fuego” pueden ser pérfidas insinuaciones, burlas, calumnias, humillaciones...

Amigos cristianos, sepamos resistir al diablo estando “firmes en la fe” (1 Pedro 5:9). Recordemos que “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 20

SEÑOR, ¡MUÉSTRANOS AL PADRE!

Jesús... dijo: A mí me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de él procedo, y él me envió. Juan 7:28-29

El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Juan 14:9

¿Quién es Jesús? Nació en Belén de Judea, en el primer siglo de nuestra era. Vivió toda su infancia en Nazaret de Galilea. Ejerció la profesión de carpintero hasta la edad de 30 años. Luego, durante unos tres años, recorrió las provincias de Galilea y Judea anunciando la Buena Nueva del reino de Dios. Juzgado y condenado a muerte, fue crucificado entre dos malhechores. Desde principios de la era cristiana, los historiadores reconocieron estos hechos y los escribieron.

Pero si usted realmente quiere saber quién es Jesús, debe leer los evangelios, los primeros libros del Nuevo Testamento. Estos nos cuentan cómo Jesús llamó a doce hombres para que fuesen sus discípulos, y con ellos recorrió el país llamando a los hombres al arrepentimiento y anunciando el perdón de Dios. Esos discípulos fueron testigos de lo que sucedió durante los tres años de la vida pública de Jesús. También fueron testigos de su muerte, pero lo vieron de nuevo vivo, como Cristo resucitado. Estuvieron allí cuando Jesús fue alzado al cielo.

Así descubrimos que Jesús es mucho más que un profeta que transmitió la Palabra de Dios. Él mismo es esa palabra viva, el Verbo de Dios que revela a Dios como Padre.

Algunas personas piensan que Dios es duro, que quiere castigarnos, hacernos pagar... Jesús destruye nuestras falsas ideas sobre Dios para mostrarnos su amor y su nombre: Dios Salvador. Todos los que creen en Jesús, el Hijo de Dios, pasan a ser hijos de Dios.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 21

CONTRADICCIONES 

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. 1 Timoteo 3:16

Que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. 1 Corintios 2:5

La luz blanca que nos deslumbra sobre la inmaculada nieve está compuesta, no obstante, por diferentes colores. Diversos fenómenos físicos, por ejemplo el arco iris o un prisma de vidrio, nos permiten distinguirlos.

Esto nos ayuda a comprender por qué el Espíritu de Dios, para presentarnos la persona del Hijo de Dios, inspiró cuatro evangelistas diferentes. Cada uno de ellos presenta la vida de Jesús bajo un enfoque particular, y todos los detalles que leemos están en armonía con el objetivo que persiguen.

Si comparamos los evangelios, encontraremos diferencias. Pensemos en el arco iris que tiene todos los colores reunidos. La persona del Hijo de Dios es insondable, y los evangelios se complementan maravillosamente para presentárnosla. Cada enfoque es como uno de los rayos del sol que nos revela uno u otro esplendor particular de la vida de Jesús.

En vez de confrontar los diferentes pasajes para tratar de hallar contradicciones, pidámosle a Dios que ilumine nuestra inteligencia mediante su Espíritu para que distingamos los distintos rasgos del Señor Jesús. Dejémonos enseñar como si fuésemos niños.

“Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mateo 11:27). Solo Dios, mediante su Espíritu, pudo comunicarnos una revelación completa del Señor y suficiente para la fe.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 22

¿QUÉ SIGNIFICA LA BIBLIA PARA MÍ?

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Hebreos 4:12

Recibisteis la palabra de Dios... no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios. 1 Tesalonicenses

«Cuando la Escritura (la Biblia) habla, Dios habla». San Agustín

«La Biblia tiene vida y me habla; tiene pies y me persigue; tiene manos y me agarra». Martin Luther King

«Detrás de toda palabra está el que la pronuncia. Debido a lo que Dios es, creemos lo que dijo». John Stott

«La Biblia es uno de los libros más sorprendentes del mundo: cada vez que lo abrimos, tal pasaje familiar que hemos leído decenas de veces, de repente resplandece con un brillo nuevo». 1. Woodrow Wilson

«La belleza de la Biblia crece a medida que crecemos en su comprensión». Goethe, escritor alemán

Nosotros también tenemos la firme convicción de que la Biblia es la Palabra de Dios. En un mundo cada vez más turbado, ella da seguridad, verdadera luz y una esperanza viva a todos los que la reciben como la Palabra de Dios.

“La palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:25).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 23

¿QUÉ ES LA VERDAD?

Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito. Juan 18:37-38

Algunas preguntas de la Biblia

La comparecencia de Jesús ante Pilato es el juicio más conocido de todos los tiempos. Jesús era inocente y Pilato lo sabía muy bien porque ya lo había interrogado. Además, su mujer le había dicho: “No tengas nada que ver con ese justo” (Mateo 27:19). Pilato estaba perplejo, y los roles se invirtieron. Entonces fue el acusado quien advirtió a su juez, pues Jesús declaró a Pilato que si él era recto, y si “era de la verdad”, escucharía a aquel a quien juzgaba. Pilato respondió con esta pregunta, que era una escapatoria: ¿Qué es la verdad? Pilato era un escéptico: para él toda verdad era relativa. Pero si no existe la verdad absoluta, entonces la verdad no existe. En vez de escuchar la respuesta de Jesús, Pilato puso fin al diálogo y salió.

Quería liberar a Jesús y al mismo tiempo complacer a la multitud. ¡Eso era imposible! Entonces decidió condenar a muerte a quien sabía que era inocente. ¡Su habilidad política no le impidió cometer un crimen!

Si tenemos dudas sobre la verdad, debemos escuchar las respuestas que nos da la Biblia. Ella nos dice que la verdad está en Jesús (Efesios 4:21). Y Jesús mismo afirma: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).

No hay nada más grave que oír las palabras de Jesús y no creerlas. Esto endurece la conciencia, y luego, como Pilato, podemos llegar a cometer el mal que no queríamos hacer, y a desviarnos del camino que conduce a la vida eterna.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 24

EN EL CAMINO SEGURO

Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Romanos 4:21

Si tú le buscares, lo hallarás. 1 Crónicas 28:9

Desde su infancia, Roberto acompañaba a sus padres a las reuniones cristianas. A medida que el tiempo pasaba se sentía menos motivado; decía que había otras religiones, entonces cómo podía saber si la de sus padres era la buena. Además, decía que cuanto más fiel se es a una religión, más se practica, y más difícil es salir de ella. También pensaba que los líderes religiosos están tan seguros de tener la verdad, que a la mínima duda nos ponen en «el camino correcto» mediante explicaciones que no podemos contradecir, por falta de conocimiento, incluso si no nos satisfacen totalmente.

A pesar de ello, Roberto continuó leyendo la Biblia. El ejemplo de la conversión de Pablo le llamó la atención. Judío, seguidor de las enseñanzas de los maestros de la ley, fiel y activo para defender su fe, Pablo podía creer que estaba en el camino correcto. Pero un día el Señor Jesús se le reveló de manera tan clara que ya no hubo lugar a dudas (Hechos 9:1-22).

Este ejemplo puso fin a su confusión. Roberto quedó convencido de que si Dios está vivo, se da a conocer, según su promesa, a aquellos que lo buscan sinceramente. Comprendió que debía buscar no una religión, sino una verdadera relación con Dios. Solo su Palabra podía permitir que lo conociese, solo ella podía responder a las necesidades de su alma.

“Cercano está el Señor a todos los que le invocan, a todos los que le invocan de veras” (Salmo 145:18).

“Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro” (Deuteronomio 4:39).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 25

LA GRACIA ES PARA TODOS

Una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Juan 9:25

(El apóstol Pablo dijo:) Fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. 1 Timoteo 1:16

En su libro «Dios existe, lo he encontrado», André Frossard (1915-1995) cuenta su conversión. Había sido criado en el ateísmo, «donde el tema de la existencia de Dios ni se menciona».

8 de julio de 1935: Sucedió algo que operó «en mí una revolución tan extraordinaria, que cambió en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, que transformó mi carácter e hizo que hablase un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó... Entonces experimenté el gozo que siente un náufrago que es salvado a tiempo, con esta diferencia: solo en el momento en que fui sacado, tomé conciencia del lodo en el que estaba hundido sin saberlo... Y me pregunto, todavía con la imagen de medio cuerpo hundido en aquel lodo, cómo pude vivir y respirar allí.

No hay nada que me predispusiera a tener una religión, aparte del hecho de no tener ninguna. La Escritura dice que la gracia no hace acepción de personas, y creo haber mostrado que dirigiéndose a mí, se dirigía a todas las personas. Lo que me sucedió le puede suceder a cualquiera, al mejor, al peor, al que no sabe e incluso al que cree saber».

Este testimonio muestra que la conversión no es una simple adhesión intelectual. Es dar media vuelta hacia una nueva dirección. Es tomar conciencia de mi estado pecaminoso ante Dios y aceptar que Jesucristo dio su vida para salvarme.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 26

¡ARREPIÉNTASE! 

Aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Lucas 13:4-5

Arrepentíos, y creed en el evangelio. Marcos 1:15

Aquí y allá en el mundo hay catástrofes. Terremotos, tempestades, huracanes y tifones destruyen bienes, vidas, y sumergen en la desesperación a mucha gente. Podemos hacernos esta pregunta: ¿Por qué en ese lugar y no en otro? El versículo de hoy nos enseña que no debemos tratar de comprender la responsabilidad de unos y otros, sino que más bien debemos examinar nuestro propio caso.

¡La muerte puede alcanzar súbitamente a cualquier persona en cualquier punto del globo! Por lo tanto es preciso estar preparado para encontrar a Dios. Jesús explicó a sus oyentes cómo prepararse, y sus apóstoles lo repitieron después de él. “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Arrepentirse es estar de acuerdo con Dios en que somos pecadores. Convertirse significa dar media vuelta, volverse a Dios; es aceptar la gracia que perdona y da la vida eterna.

Los juicios caerán sobre un mundo que rechaza a Dios y se hunde en el desorden moral. Las calamidades que Dios permite son como advertencias, señales precursoras de lo que pronto sucederá a todos los que no se hayan vuelto a él a tiempo. “¿Piensas... que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:3-4).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional

Día 27

LAS FALSIFICACIONES

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. Salmo 51:10

Un día le preguntaron a Picasso (1881-1973) quién era, según él, el pintor más célebre. Y Picasso respondió riendo: «¡Rubens, pues pintó unos 600 cuadros durante su vida, de los cuales conservamos 2.700 en la actualidad!».

Las falsificaciones son una plaga de la economía moderna que cuestan muy caro a las empresas y al Estado. En 2010, un poco más de 103 millones de productos falsificados fueron descubiertos y destruidos en las fronteras de la Unión europea, por un valor total de mil millones de euros.

Pero la falsificación en el ámbito religioso es mucho más peligrosa. La Biblia nos habla severamente de esas personas que dicen ser cristianas, que tienen la “apariencia de piedad”, pero “negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3:5). Frecuentan los servicios religiosos, pero su corazón está muy lejos de Dios. A menudo pronuncian su nombre, y tal vez incluso citen pasajes bíblicos, pero no se someten a su Palabra.

Recordemos estas advertencias de Jesús a las multitudes que lo seguían: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). No podemos engañar a Dios, pues “todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13).

No tratemos de aparentar lo que no somos. Podríamos engañar a los demás, y tal vez a nosotros mismos, pero nunca podremos engañar a Dios.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza) ediciones-biblicas.ch - [email protected]

Ver solo este devocional