Devocionales

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Día 01

PRESO DEL CUERPO, MAS NO DEL ALMA (1)

El Señor miró desde los cielos a la tierra, para oír el gemido de los presos, para soltar a los sentenciados a muerte. Salmo 102:19-20

Me ha enviado... a pregonar libertad a los cautivos... a poner en libertad a los oprimidos. Lucas 4:18

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:36

Esta fue la feliz expresión de un presidiario liberado de la terrible opresión del pecado, cuando decidió entregar su vida a Cristo. Esta persona extorsionaba desde la misma cárcel, con severas amenazas de muerte a una cristiana. Ella, sin dejarse intimidar por las amenazas, le presentó a Jesucristo, su Salvador personal. Este hombre creía que no alcanzaría el perdón de Dios debido a la multitud de sus graves hechos. La cristiana le replicó: –Eso es lo que te dice tu jefe, Satanás, ya vencido por el mío, Jesucristo, quien te ofrece el perdón de todos tus pecados, si decides recibirlo como tu Salvador. Acepta a Cristo y serás salvo de la condenación eterna (Hechos 16:31).

Después de esta conversación, las amenazas y la extorsión se acabaron. El Espíritu Santo empezó su trabajo (Juan 16:8). Redarguyó ese duro corazón. Y lo maravilloso fue que una noche, a altas horas, la cristiana recibió en su teléfono móvil un mensaje de texto que decía: «Preso del cuerpo, mas no del alma». ¡Qué felicidad para ambos!

Todavía hoy el Evangelio se anuncia por todo el mundo para el perdón de pecados. Así lo ordenó el Señor Jesucristo: “Que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).

(mañana continuará)

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Día 02

PRESO DEL CUERPO, MAS NO DEL ALMA (2)

Los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida... Pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. 2 Corintios 5:4, 8

El presidiario de quien se habló ayer está condenado a muchos años de prisión, por lo que es casi seguro que nunca obtendrá la libertad física, sino que la muerte lo sorprenderá en la prisión. Sin embargo, ahora que es creyente, su esperanza es que Cristo venga a arrebatar a su pueblo, antes de que le llegue la muerte física, porque él confía en lo que el Señor dice en la Biblia: “He aquí vengo pronto... Ciertamente vengo en breve” (Apocalipsis 22:12, 20).

Si la venida de Cristo por su iglesia sucede antes de que la muerte alcance a este recluso, él y todos los demás creyentes en Cristo que se encuentren en esa prisión saldrán victoriosos de su cautiverio para estar presentes con su Salvador, sin pasar por la muerte. Las Sagradas Escrituras testifican: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52). Sin embargo, este recluso se consuela con el pensamiento de que, si la muerte lo alcanza, tampoco habrá problema, porque los muertos serán resucitados incorruptibles.

Habiendo puesto en orden su estado espiritual, para el cuerpo también está la promesa de la resurrección de vida (Juan 5:29), pues el cuerpo del creyente ha sido comprado. “Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).

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Día 03

SU NOMBRE ES ADMIRABLE

Un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Isaías 9:6

 “Un niño nos es nacido, hijo nos es dado”, escuchamos en varios villancicos de Navidad. Estas palabras son una profecía de la Biblia anunciada unos 700 años antes de que se cumpliese el nacimiento de Jesús.

“Un niño nos es nacido, hijo nos es dado”. Ese niño es el “Hijo del Padre”, quien estaba junto a Dios y ahora nos es dado.

“El principado sobre su hombro”. Un día gobernará al mundo con justicia; pero antes, renunció a todos sus derechos para morir en una cruz.

“Se llamará su nombre”. Recibe varios títulos concentrados en una misma persona:

“Admirable”. Toda su persona hace que sea admirable. Su nombre es Jesús, Dios salva, y también es “Emanuel”, Dios con nosotros.

“Consejero”. Creó todo con el Padre; formó el proyecto eterno de Dios; es la sabiduría de Dios.

“Dios Fuerte”. Es el poder de Dios y cumplirá su proyecto. Hizo la purificación de los pecados y es la “resurrección y la vida” (Juan 11:25).

“Padre Eterno”. No tiene principio ni fin, dio origen al tiempo y es el Maestro de la historia.

“Príncipe de Paz”. Este último título evoca su bondad y abnegación por la humanidad, “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20)

“Dijo Manoa al ángel del Señor: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? Y el ángel del Señor respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?” (Jueces 13:17-18).

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Día 04

DIOS NOS VE (1)

¿Se ocultará alguno, dice el Señor, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice el Señor, el cielo y la tierra? Jeremías 23:24

Dios conoce vuestros corazones. Lucas 16:15

¡Qué misterio es la mirada del Dios vivo! Ella lo cubre, lo penetra todo, desde la inmensidad del universo hasta los lugares más secretos de nuestra mente. Él ve lo que motiva nuestras expresiones, nuestras actitudes, lee en nuestros corazones. Distingue la expresión de la intención, la máscara de lo real. Discierne nuestras motivaciones más escondidas, nuestros pensamientos más íntimos. ¿Cuál es nuestra reacción a esa mirada de Dios? Podemos tratar de huir de él, de no pensar en él, o vivir como si no existiese, negar incluso su existencia.

Al contrario, si conocemos su amor redentor, podemos buscar la mirada de Dios, es decir, tratar de vivir de una forma que le agrade, estando atentos a lo que él nos dice en la Biblia. Pues sabemos que Dios nos mira con bondad. Podemos dejar todo en sus manos: nuestras alegrías, tristezas e inquietudes. Pero escuchemos también a nuestra conciencia. Si nos reprocha tal palabra o acción, digámoselo a Dios y pidámosle su ayuda para corregirnos.

Dios ve el mal y lo juzga, pero “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9). La mirada de Dios no me descubre ante los demás. Es una mirada protectora que previene del peligro. Ser visto por él no significa ser juzgado, al contrario, significa ser amado y protegido. Cuanto más conozcamos a Dios, tanto más desearemos vivir bajo su mirada, por la fe.

Dios “ama la rectitud, y no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados” (Salmo 37:28).

(continuará el 6 de diciembre)

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Día 05

LOS CUIDADOS DE DIOS

Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré.

Ezequiel 34:12

Durante la segunda guerra mundial, un cristiano formaba parte de una patrulla de reconocimiento nocturno muy cercana de las líneas enemigas. Era necesario guardar silencio absoluto. Desgraciadamente a menudo los cordones de sus polainas se soltaban y él debía agacharse para volver a hacer el nudo, luego debía correr para unirse nuevamente a la patrulla. A la tensión de sentirse cerca del enemigo se añadía la contrariedad que le causaban estos incidentes.

Cuando se agachó nuevamente para atar los cordones, una ráfaga de metralleta lanzada justo en su dirección pasó por encima de él. Salvó su vida gracias a ese cordón recalcitrante. Comprendió que Dios había empleado ese medio para protegerlo, y emocionado le dio las gracias.

A veces el Señor permite situaciones en nuestra vida que nos molestan. Quiere detenernos en el camino que hemos emprendido, para que aprendamos a dominarnos o para protegernos. Nuestra primera reacción a menudo es un sentimiento de rebeldía, no comprendemos el porqué de lo que sucede.

El profeta Oseas nos muestra los cuidados de Dios, incomprendidos por su pueblo. “Contra mí se rebelaron; yo los redimí” (Oseas 7:13). “No conoció que yo le cuidaba... los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo” (Oseas 11:3).

El Señor siembra nuestras vidas con sus manifestaciones de amor, pero nosotros no las percibimos en el momento. Confiemos en él y aprenderemos a verlas.

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Día 06

DIOS ESCUCHA (2)

Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Salmo 65:2

Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias. Salmo 34:6

La Biblia nos dice reiteradamente que Dios escucha. Escucha el clamor de los que sufren, así como sus suspiros. Él es el que escucha la oración.

Entre los hombres, a menudo el menor escucha al mayor: el alumno escucha al profesor, el obrero a su patrón, y es difícil ser escuchado por un hombre que tiene un alto cargo. ¡Pero Dios es totalmente diferente! Es un Dios de bondad que da el primer paso para acercarse a su criatura. Nos escucha, pero no de manera distante, sino cercana y activa: “Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano” (2 Reyes 20:5).

Entonces podemos preguntarnos: Dios escucha, pero yo, por mi parte, ¿le hablo? ¿Lo hago en verdad? Dios no tiene en cuenta la cantidad de nuestras palabras, pero responde a quien se dirige a él con confianza y verdad. Aprendamos a orar con todo nuestro corazón, a expresar nuestras necesidades reales y lo que sentimos (lea Lucas 11:5-8). No se ora con ideas o textos ya preparados, sino con todo nuestro ser.

Oremos con sinceridad, incluso si nos parece que Dios no nos responde. Pensemos en la experiencia de Job y en la respuesta que Dios le dio al final, una respuesta más grande y hermosa de lo que hubiese podido pensar. Como Job, podemos contar todo a Dios, nuestras tristezas, incluso nuestras quejas... y esperar con confianza su respuesta.

“Respondió Job al Señor, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (Job 42:1-2).

(continuará el 8 de diciembre)

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Día 07

POSEÍDO POR EL PECADO

Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. Salmo 79:9

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1

Martín Lutero (siglo 16) estaba convencido de que su vida, y todo su ser, estaban marcados totalmente por el pecado. Sabía que era prisionero del diablo, condenado a la muerte eterna. El pecado, que había heredado al nacer, lo atormentaba continuamente. Sabía que su vida no podía producir nada bueno, pues estaba poseído por el pecado.

Había tomado conciencia de lo que declara la Palabra de Dios: “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Todos necesitamos ser liberados de este estado de pecador para poder ser salvos. Dios quiere que exploremos las profundidades íntimas de nuestro corazón, quiere que su luz nos ilumine. Así me hace ver lo que soy por naturaleza, es decir, pecador, incapaz de hacer el bien.

Entonces, tal como un hijo reconoce sus faltas ante un padre lleno de amor, todo ser humano puede reconocer sus pecados ante Dios y arrepentirse, como lo hizo Lutero. Nadie merece el perdón de Dios. Sin embargo, “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

¿Por qué Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, para purificarnos de nuestras iniquidades? Porque su Hijo llevó el castigo que nosotros merecíamos, y así quedamos libres. Lutero comprendió esto leyendo la Biblia.

Jesucristo “herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

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Día 08

DIOS SALVA (3)

Yo el Señor soy Salvador tuyo y Redentor tuyo. Isaías 49:26

Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad. Tito 2:13-14

Dios es salvador. Igual que un hilo dorado, esta expresión atraviesa toda la Biblia. Da testimonio de toda la gracia, de todo el amor de Dios.

Decir que Dios salva es decir que libera del pecado y del juicio. La esclavitud del pecado puede ser descrita como esa fuerza de egoísmo que nos impide someternos a Dios y nos encierra en nosotros mismos. El pecado nos separa de Dios y pesa sobre nuestra conciencia. Desde Adán, caracteriza a cada uno de nosotros. ¡Cuántas veces, apenas pronunciamos una palabra, nos arrepentimos de haberla dicho! ¡De cuántas acciones sentimos vergüenza, y cuántas situaciones hay que nos gustaría cambiar...! ¡Pero hay una buena noticia! Dios quiere salvarnos de todo lo que nos encadena y perturba nuestra conciencia. Nos salva del pecado.

¿Cómo hace Dios para salvarnos? Lo hace mediante su Hijo Jesucristo. “El Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14). No es el Salvador de la «gente buena», de aquellos que tienen una buena reputación moral, sino que es el Salvador de todo el mundo, de las personas de todo pueblo y condición.

En hebreo, el nombre de “Jesús” significa Dios salva. Jesús no solo fue enviado para anunciar esta liberación, sino que él mismo es esa salvación, él mismo es el Salvador.

Dios quiere salvarnos, pero no lo hace sin nuestra aceptación consciente. Nosotros debemos responder a su oferta recibiendo al Señor Jesús.

(continuará el 10 de diciembre)

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Día 09

¿PARA QUÉ?

¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto. (Job respondió:) Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Job 40:2; 42:3

Hay días en los que todo va bien. Hago mi trabajo con ánimo y tarareo alegremente mis canciones preferidas. Pero también hay días en los que todo va mal, por ejemplo cuando el sufrimiento está ahí y me azota sin cesar. Entonces las preguntas vienen una y otra vez a mi mente: ¿Para qué...? ¿Para qué vivir? ¿Para qué luchar? ¿Para qué hacer el bien? Por mucho que me esfuerce, no encuentro una respuesta lógica por mí mismo. No me queda otro remedio que recurrir a lo que pienso en lo profundo de mi ser, a lo que creo. Y hay dos posibilidades:

–Me niego a reconocer que Dios dio origen a todo, incluido mi inteligencia y mis sentimientos, y entonces tropiezo con otras preguntas sin fin. ¿Por qué existimos? ¿Por qué existe el sufrimiento? ¿Por qué existe el bien y el mal? ¿Por qué hay esperanza, por qué la muerte...?

–O acepto creer en Dios. Entonces todo se ilumina progresivamente. No soy solo una combinación de células cuyo origen es inexplicable, sino una persona que tiene una conciencia, capaz de hacerse preguntas y de comprender. En otras palabras, soy un ser humano creado por un Dios personal, y no indefinido y lejano, un Dios vivo que piensa, ama y actúa sin cesar. La fe en Dios y en su Palabra da así un sentido a mi vida y me libera de mis preguntas revelándome la verdad. Es cierto, quizá todas las preguntas no sean resueltas, pero puedo confiar en mi Dios quien vela sobre mí en todas las circunstancias de mi vida.

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Día 10

DIOS ES LUZ (4)

Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. 1 Juan 1:5

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12

 “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”. Tales palabras recuerdan la gloria de Dios, la pureza intrínseca, absoluta e inalterable de su naturaleza. Demuestran su exigencia de claridad y de verdad. Nos dan la esperanza de tener un conocimiento perfecto (1 Corintios 13:12), pero también denuncian toda pretensión de presentarnos ante Dios con nuestros pecados. Dios es santo, perfecto, libre de todo mal, de toda sombra. Nuestro gozo y nuestra comunión con él están ligados al hecho de que él es luz porque ilumina nuestra conciencia para mostrarnos aquello de lo cual debe ser purificada.

La luz manifiesta todo (Efesios 5:13). En la luz de Dios, mi corazón revela su fealdad; no soy tal como me veía con satisfacción, ni como me muestro ante los demás. ¡Terrible descubrimiento! Nadie puede mantenerse en esta luz, bajo su poder penetrante (Salmo 139), si no está al abrigo de Jesús.

“Dios es luz” y desea que los hombres tengan un lugar en “la luz”, en comunión con él, el “Dios bendito” (1 Timoteo 1:11). En el mundo físico, la luz se ve, es activa, brilla. De la misma manera, Dios se ha revelado, se dio a conocer. Obra sin cesar mediante su Espíritu para producir y mantener la vida. Derrama sobre sus hijos todas sus bendiciones (Santiago 1:17), ilumina sus corazones para mostrarles su gloria en la persona de Jesucristo (2 Corintios 4:6).

(continuará el 12 de diciembre)

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