Devocionales

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Día 01

AQUELLO QUE CREÍ

No me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído. 2 Timoteo 1:12

Creí, por lo cual hablé. 2 Corintios 4:13

Testimonio

«No puedo imaginar que el universo sea la única cosa que haya existido siempre, sin causa, sin Creador. Creo que hay un Dios que, desde la eternidad, pensó en crearme y en salvarme. Creo que el bien y el mal no son nociones inventadas por los hombres para ponernos bajo el yugo de un Dios imaginario, sino realidades que cuentan para un Dios muy vivo. Creo que un día todo hombre tendrá que comparecer ante ese Dios. Creo todo esto porque la Biblia lo dice, y creo a la Biblia porque su lectura me convenció de que su autor es digno de fe.

Al leerla descubrí que Dios sabe todo sobre mí, que no se queda con la imagen que doy, sino que penetra en todos mis secretos, conoce mis aspiraciones escondidas al igual que mi incapacidad para llevarlas a cabo. Comprendí que me creó como un ser responsable para hacer el bien y alejarme del mal, y que fracasé totalmente. Me convencí de que soy un pecador que solo merece el juicio.

Pero felizmente encontré mucho más: a pesar de todo, Dios se interesa en mí. Cuento a sus ojos a tal punto que me dio un Salvador, su propio Hijo, quien sufrió en mi lugar el castigo que yo merecía. Jesús me amó tanto que aceptó morir para darme la vida eterna. ¡Solo tuve que dar las gracias por ese maravilloso regalo, y entonces sentí en mi corazón una paz indescriptible! ¡Esto es lo que creo y me gustaría que usted lo compartiese conmigo!».

Stéphane

“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).

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Día 02

NO SIENTO NADA

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1

Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8

Por fe andamos, no por vista. 2 Corintios 5:7

Víctor es un joven creyente. Creyó en el Señor Jesús, pero desde hace algún tiempo está turbado; esto fue lo que compartió con un amigo.

–Hay días en los que me siento feliz; creo que soy salvo y tengo paz. Oro y me parece que Jesús me escucha realmente, que está a mi lado. Pero a veces no siento absolutamente nada, y cuando oro tengo la impresión de que no está ahí, que no escucha mi oración. Esos días me pregunto si realmente soy salvo.

–Víctor, si cierra bien los ojos, ¿piensa que el sol ha dejado de brillar?

–¡No, afortunadamente!

–Tiene razón, el hecho de cerrar los ojos no tiene ningún efecto sobre el sol. Es usted el que se priva de su luz. Y cuando hay mal tiempo y las nubes y la lluvia lo esconden, tampoco pueden apagarlo. Él brilla en el cielo mucho más arriba.

La Biblia dice: “Para siempre... permanece [Su] palabra en los cielos” (Salmo 119:89). Ella es verdadera todos los días de su vida, siéntalo o no, pues ella no depende de usted. Usted ha sido salvo por la fe, porque creyó en el Señor Jesús. ¡Dios así lo afirma! (Hechos 16:31). Sus sentimientos no pueden cambiar nada, pues Dios no le pide que sienta; él le invita a creer en su Palabra.

Si tiene dudas, lléveselas al Señor. Él es el Pastor de su alma y quiere darle la paz. Usted no podrá encontrarla mirándose a sí mismo. Tiene que mirar a Jesús y su obra cumplida una vez por todas.

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Día 03

EL AMOR VENCEDOR

En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros. 1 Juan 3:16

Fuerte es como la muerte el amor. Cantar de los cantares 8:6

«Es mejor un amor vencido que una victoria sin amor», dijo el filósofo ateo André Comte-Sponville con respecto a Jesús, quien murió en la cruz del Calvario.

Nadie, en efecto, puede negar el amor manifestado por Jesucristo hacia todos los que tuvieron un encuentro con él. Alimentó multitudes, curó enfermos y echó fuera demonios. “Anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). A pesar de su incesante abnegación, tuvo que constatar: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25). Los que se habían beneficiado de su gracia y de sus cuidados le hicieron sufrir los más crueles ultrajes y luego lo condenaron a una terrible muerte.

¿Podemos concluir que su amor fue vencido por la maldad de los hombres? ¡No, pues fue precisamente su amor el que dejó que lo maltratasen! Cuando una tropa de soldados llegó para detenerlo, la única frase que pronunció les cerró la boca. Cuando Jesús dijo: “Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra” (Juan 18:6). Hubiera podido escapar, pero aceptó voluntariamente los sufrimientos y la muerte en la cruz para ganar definitivamente la victoria sobre el pecado y la muerte. Satanás fue vencido (Hebreos 2:14), la muerte fue vencida (1 Corintios 15:54) y el pecado fue borrado de la presencia de Dios (Hebreos 9:26).

Así la victoria completa y definitiva del amor de Dios tuvo lugar cuando los hombres cometieron ese odioso crimen. Todo aquel que cree puede beneficiarse de esta victoria. ¡“Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”! (1 Corintios 15:57).

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Día 03

EL AMOR VENCEDOR

En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros. 1 Juan 3:16

Fuerte es como la muerte el amor. Cantar de los cantares 8:6

«Es mejor un amor vencido que una victoria sin amor», dijo el filósofo ateo André Comte-Sponville con respecto a Jesús, quien murió en la cruz del Calvario.

Nadie, en efecto, puede negar el amor manifestado por Jesucristo hacia todos los que tuvieron un encuentro con él. Alimentó multitudes, curó enfermos y echó fuera demonios. “Anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38). A pesar de su incesante abnegación, tuvo que constatar: “Sin causa me aborrecieron” (Juan 15:25). Los que se habían beneficiado de su gracia y de sus cuidados le hicieron sufrir los más crueles ultrajes y luego lo condenaron a una terrible muerte.

¿Podemos concluir que su amor fue vencido por la maldad de los hombres? ¡No, pues fue precisamente su amor el que dejó que lo maltratasen! Cuando una tropa de soldados llegó para detenerlo, la única frase que pronunció les cerró la boca. Cuando Jesús dijo: “Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra” (Juan 18:6). Hubiera podido escapar, pero aceptó voluntariamente los sufrimientos y la muerte en la cruz para ganar definitivamente la victoria sobre el pecado y la muerte. Satanás fue vencido (Hebreos 2:14), la muerte fue vencida (1 Corintios 15:54) y el pecado fue borrado de la presencia de Dios (Hebreos 9:26).

Así la victoria completa y definitiva del amor de Dios tuvo lugar cuando los hombres cometieron ese odioso crimen. Todo aquel que cree puede beneficiarse de esta victoria. ¡“Gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”! (1 Corintios 15:57).

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Día 05

ESTOY ESPERANDO, QUIZÁS UN BUEN DÍA...

(Jesús dijo:) Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Juan 6:44

¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Romanos 2:4

«Tú tienes suerte de tener fe, pero yo no. No es culpa mía... Pero estoy esperando; a lo mejor un día Dios me la da...».

Este razonamiento es bastante común. Deja suponer que aquellos que tienen fe son afortunados, y que los que carecen de ella no tienen la culpa, que simplemente deben esperar pasivamente a que les llegue... Pero esto es contrario a la enseñanza bíblica. Jesús dijo: “El que busca, halla” (Mateo 7:8). ¡Felizmente, tener fe no es una cuestión de azar! El que razona así olvida la responsabilidad del hombre ante Dios.

Es cierto que solo Dios puede hacer que un hombre tenga fe en su Hijo Jesucristo. En efecto, por nosotros mismos nunca iríamos espontáneamente a él. Pero también es igual de cierto que Dios manda a todo hombre que se arrepienta y crea en lo que Él dice. Tenemos, pues, la responsabilidad de obedecer. La soberanía de Dios, que da la fe, y la responsabilidad del hombre para recibirla son inseparables. De modo que nadie será salvo si no es por pura gracia. Pero todas las personas que no acepten al Señor Jesús como Salvador personal estarán perdidas por su propia falta: el haberlo rechazado. Estos dos hechos, que parecen inconciliables para nuestras mentes limitadas, están claramente establecidos en la Biblia, y nos inclinamos ante la Palabra de Dios.

Así, en lugar de esperar pasivamente que la fe nos llegue, respondamos a las urgentes invitaciones de ese Dios que nos ama y quiere salvarnos.

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Día 04

AL BORDE DE LA TRAGEDIA

En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. Job 33:14

Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 2 Corintios 5:20

Ella navegaba en solitario. En la noche salió a la cubierta y una ola la arrojó fuera del barco, que prosiguió su ruta dirigido por el piloto automático. Más tarde el equipo de salvamento marino la rescató in extremis. Al día siguiente dijo que estaba viva de milagro, y añadió: «El diablo no me quiso».

El objetivo del diablo es hacer daño a los hombres, pero no puede ir más allá de los límites que Dios, quien es soberano, le puso (Job 1 y 2). Al contrario, Dios ama a todos los seres humanos y protege a sus hijos. ¡Fue él quien permitió ese milagro! A veces nos habla de forma muy clara, como lo hizo con esta navegante. Su bondad nos invita al arrepentimiento así como al agradecimiento. Estemos atentos a su voz, y sobre todo no consideremos al diablo como un tema de broma. Si no escuchamos la voz de Dios, tendremos que escuchar en el día del juicio esta terrible frase pronunciada por Cristo: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). ¡Entonces ya no habrá solución!

Reconocer que Dios me habla, creer que hizo todo para salvarme, es tomar la mano del Salvador de mi alma... ¡Significa aceptar que Jesús murió en la cruz para llevar el juicio por mis pecados y recibir el don gratuito de Dios, es decir, la vida eterna! Este Salvador es el Cristo, el Hijo de Dios. Mañana será el Juez de vivos y muertos.

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).

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Día 10

LA CUEVA DE ADULAM (1)

David... huyó a la cueva de Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él. Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. 1 Samuel 22:1-2

El rey David es uno de los personajes más conocidos de la Biblia. Es el joven pastor que venció a Goliat, es el autor de numerosos salmos y el primer rey fiel a Dios en Israel. Pero David pasó por muchas dificultades antes de llegar al trono. Fue perseguido por sus enemigos, e incluso tuvo que vivir en una caverna.

Los hermanos de David se reunieron allí con él, persuadidos de que Dios lo había elegido para salvar a su pueblo. Otro grupo de personas también se refugió junto a David; no tenían ningún parentesco con él, pero tenían en común una cosa: lo habían perdido todo. Unos estaban sumidos en la tristeza, otros tenían deudas y otros se hallaban en amargura de espíritu.

La tristeza es ese sentimiento que experimentamos cuando ya no tenemos más puntos de referencia y no sabemos a dónde ir. Pero en una situación así, podemos experimentar realmente la confianza en Dios.

Las deudas pueden ser abrumadoras, pero la mayor de todas es la que tenemos con Dios debido a nuestro pecado. Así como esos hombres fueron a David, nosotros podemos ir al Salvador, quien pagó la deuda en nuestro lugar.

Por último, la amargura en el alma puede evocar el temor de la muerte, perspectiva que da un sabor amargo a las más hermosas alegrías. Refugiémonos en el Señor Jesús, quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). Él es el Salvador, pero también el jefe y el centro de reunión de los cristianos.

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Día 11

LA CUEVA DE ADULAM (2)

(Jesús dijo:) Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mateo 18:20

En todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré. Éxodo 20:24

Todos los que se refugiaron junto a David encontraron en él una respuesta a su necesidad personal. “Conmigo estarás a salvo”, dijo David a uno de ellos (1 Samuel 22:23).

Los hermanos y los nuevos compañeros de David, quienes hasta entonces se sentían afligidos, endeudados y sumidos en la amargura, fueron a una persona que los reunió en esta caverna. Todos reconocieron la autoridad de David sobre ellos: “Fue hecho jefe de ellos” (1 Samuel 22:2). Vivían juntos, sin otra motivación común que estar unidos a David. En él encontraron un amigo, y su presencia compensó todas las privaciones.

Esa reunión nos hace pensar en las reuniones cristianas para celebrar el culto, la oración o el estudio de la Biblia. Por supuesto que los cristianos sienten mucho gozo cuando se reúnen, pero hay algo todavía mayor: cuando están reunidos sencillamente “en el nombre del Señor”, sea cual sea su número, tienen la maravillosa promesa de su presencia: “Allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). Esta presencia espiritual y viva en medio de ellos es el centro y el fundamento de una reunión cristiana. Cada uno de ellos conoce al Señor Jesús como su Salvador, como su Señor y también como el jefe de los creyentes reunidos. Él tiene la autoridad, y los pensamientos de todos están dirigidos hacia él para conocer su voluntad.

¡Dejémosle ocupar siempre su lugar cuando estamos reunidos en torno a él!

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Día 09

EL PODER DEL PERDÓN DE CRISTO

Vuélvete... dice el Señor; no haré caer mi ira sobre ti, porque misericordioso soy yo, dice el Señor, no guardaré para siempre el enojo. Jeremías 3:12

Vuélvase al Señor, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Isaías 55:7

Lea Juan 21:1-7

Pedro, discípulo de Jesús, pensaba que amaba a su Maestro más que los demás. Sin embargo lo negó tres veces consecutivas (Lucas 22:54-62). Luego, algunos días después de la muerte y resurrección del Señor, Pedro y otros discípulos fueron al lago a pescar. De repente Jesús se acercó. Juan fue el primero en reconocerlo y dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” (v. 7). E inmediatamente Pedro se echó al agua para ir al encuentro de Jesús lo más rápido posible.

¿Había olvidado que acababa de negar a su Maestro? ¿No tenía vergüenza? ¿No hubiese hecho mejor manteniéndose alejado y presentarse en último lugar? No, al contrario, Pedro se apresuró a reunirse con él porque entre tanto Jesús había tenido un encuentro con él en privado (Lucas 24:34) y le había asegurado su total perdón. Su actitud no fue inoportuna, pues dio testimonio de la confianza que tenía en el amor de su Maestro.

Creyentes, esto puede darnos ánimo si nos hemos comportado mal, si hemos pecado. Es triste deshonrar al Señor cuando conocemos su amor. Pero si después de haberle confesado nuestro pecado nos mantenemos alejados so pretexto de que somos indignos de acercarnos, dudamos de él. Es escuchar la voz de Satanás, quien trata de mantenernos lejos de Aquel que perdona y quiere restaurarnos.

¡Acerquémonos a nuestro Salvador con confianza y humildad, con la valentía de la fe, pues él nos ama!

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Día 08

¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO?

En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Hechos 4:12

A los discípulos (de Cristo) se les llamó cristianos. Hechos 11:26

Siendo manifiesto que sois carta de Cristo. 2 Corintios 3:3

Hoy en día hay mucha confusión con respecto al sentido de esta palabra. Muchas personas dicen que son cristianas simplemente porque fueron bautizadas. Pero si no hay nada más, solo se trata de una etiqueta.

La palabra “cristiano”, al igual que la palabra «cristianismo», tiene la misma raíz, es decir, “Cristo”. Al principio de la historia de la Iglesia, los discípulos de Jesucristo recibieron este calificativo. Un verdadero discípulo es aquel que cree en la persona y en el mensaje de su maestro, y se esfuerza en vivir según sus enseñanzas. Para ser un cristiano, en primer lugar se debe creer en Jesús, aceptarlo personalmente como Salvador y Señor. Es necesario haber nacido “de nuevo” (Juan 3:3), es decir, poseer la vida eterna. Todos los que reconocen que son pecadores y creen que Jesús, al morir en la cruz, sufrió en su lugar el juicio que merecían, pueden recibir esta vida eterna.

Desde el día en que la Iglesia fue formada, ha habido muchas generaciones de cristianos. ¿Han sido todos verdaderos creyentes? Es grave atribuirse el nombre de cristiano sin tener la vida de Dios, sin preocuparse por Jesucristo. El que lo hace lleva una etiqueta que no refleja la realidad.

Cada uno de nosotros debe saber claramente quién es. ¿Soy un verdadero cristiano? ¿He tenido un encuentro personal con Jesucristo? Y si es así, ¿estoy dispuesto a seguir a mi Maestro y a honrarlo en mi vida?

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Día 06

¿NO ME CONOCE?

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Juan 14:9

Algunas preguntas de la Biblia

Desde que Jesús le dijo: “Sígueme” (Juan 1:43), Felipe lo siguió y dio testimonio de que había hallado al Mesías. Luego vivió en compañía de Jesús durante tres años. Escuchó sus enseñanzas y vio sus milagros. Incluso escuchó a Pedro declarar a Jesús: “Tú eres... el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).

Pero Felipe no captó lo esencial del mensaje de Jesús y el valor de su presencia, y le dijo: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta” (Juan 14:8). Jesús le respondió: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Esta pregunta se dirige a nosotros: ¿Cómo conocemos a Jesús? ¿Lo consideramos como un gran hombre, fundador de una religión? Esto no es suficiente, pues lo fundamental es conocerlo como el Hijo de Dios, que está vivo, el Señor.

Felipe no había captado que Jesús revela a Dios perfectamente. Al ver a Jesús percibimos a Dios, el Padre, tal y como se dio a conocer. El que desea acercarse a Jesús con toda humildad y verdad descubre quién es Dios. Ir a Jesús es el único camino hacia Dios. Jesús es el único intermediario, el único mediador entre Dios y los hombres. Es el hombre Jesucristo, quien se dio a sí mismo en rescate por todos (1 Timoteo 2:5-6).

Conocer al Señor Jesús es el principio y, a la vez, el objetivo de la vida cristiana. ¿Qué progresos he hecho en el conocimiento de Jesús desde que él me salvó? ¿Me dejo transformar a su imagen? (2 Corintios 3:18).

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Día 07

BUSCANDO

Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. 1 Pedro 3:18

Testimonio

«Durante mi infancia, mis padres me rodearon de cariño y no me faltó nada. Pero en la adolescencia empecé a hacerme preguntas como: ¿Para qué sirve la vida? Nacemos y crecemos, nos vemos atrapados en un engranaje de una vida que va demasiado rápido para que nos demos cuenta de qué es realmente lo más importante, y vamos tras la felicidad sin poder vivirla nunca.

A los 16 años no tenía respuesta, pero sí una idea precisa: quería vivir la vida al máximo. Consumía drogas y mucho alcohol, de modo que a los 18 años ya tenía una cirrosis. A los 22 años tuve miedo por mi salud y empecé a sentar cabeza. Seguía buscando un sentido para mi vida... Estaba interesado en todas las filosofías que preconizan la paz, la libertad y el amor. Rechazaba las religiones y sus dioses.

A la edad de 25 años, hojeando un evangelio, leí los siguientes versículos: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28). Estas palabras de Jesús resonaron en mi corazón. Al leer los evangelios descubrí que Jesús no era un filósofo, ni un profeta, ni una religión, sino Dios que vino a vivir como un simple hombre para mostrarnos su amor. Sufrió la humillación, el dolor y la muerte. ¡En la cruz dio su vida por mí!

Mi mayor pecado es haberlo ignorado durante tantos años. Para mí Jesús era un extranjero, pero ahora encontré el sentido de mi vida, es decir, amarlo a él y hablar de su amor a mi alrededor».

Patrick

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Día 12

UNA PREDICACIÓN SIEMPRE ACTUAL

La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. 1 Corintios 1:18

Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. 1 Corintios 2:2

«La muerte de Jesús es el acontecimiento más sombrío y el más luminoso de la historia de la humanidad. Sombrío porque revela la amplitud del pecado del hombre, luminoso porque hace brillar el amor del Dios Salvador.

El Dios de santidad, que es muy “limpio... de ojos para ver el mal” (Habacuc 1:13), ¿podía ver favorablemente a su Hijo cargado con el pecado de los hombres? Aunque era inocente, Cristo se presentó ante el juez divino como si fuese responsable de nuestras faltas, como si las hubiese cometido él mismo, como si llevase ante Dios sus propios pecados, como si encarnase el pecado. Luego, como culpable de nuestros crímenes, sufrió el castigo que tendríamos que haber sufrido nosotros, usted y yo.

Cristo, por su muerte, pagó todo el precio de nuestra reconciliación con Dios. Dios no espera nada de usted ni de mí. Su Hijo pagó con su vida, con su sangre, todas nuestras faltas. Es el sustituto inocente que fue crucificado para que fuésemos perdonados. ¡Nuestra deuda con Dios está totalmente cancelada! ¡Pero a qué precio! Ahora el cielo está abierto gracias al Cristo Salvador, y podemos entrar libremente en su presencia (Hebreos 10:19).

El Dios soberano espera que usted vaya a él declarándose culpable y entregándole su vida. ¡Déjese juzgar interiormente mediante la evocación de este sacrificio. Dé ese paso, acepte vivir para él a partir de ahora, y él lo contará como uno de sus hijos. “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20)».

(A. Adoul, texto adaptado)

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Día 13

ORAR CON LOS LABIOS O CON EL CORAZÓN

El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 2 Corintios 9:6-7

Un hombre rico, que decía ser cristiano, oraba con su familia para que Dios cuidase de los pobres y los desdichados. Pero cuando un mendigo llamaba a su puerta, se apresuraba a responder que no le quedaba nada, que solo tenía para sus propias necesidades.

Tristemente su pequeño hijo había asistido muchas veces a esas escenas en las que su padre despedía a esos menesterosos. Sin embargo, al llegar la noche oraba sin falta por aquellos que no tenían lo necesario.

–Papá, le dijo su hijo un día, ¡cómo me gustaría tener tu dinero!

–¿Qué harías con él, hijo mío?

–Respondería tus oraciones.

¿No nos sucede, queridos cristianos, que pronunciamos hermosas oraciones sin estar motivados por lo que pedimos, y sin darnos cuenta de que a veces tenemos nuestra propia responsabilidad para que sean respondidas? Por ejemplo, si decimos: “Hágase tu voluntad”, ¿nos damos prisa para saber cuál es y hacerla?

En los evangelios a menudo escuchamos a nuestro Señor denunciar a los fariseos hipócritas que, so pretexto de hermosas oraciones, solo buscaban su reputación religiosa y sus intereses personales. ¿Nos parecemos a ellos?

Un contraste perfecto es el Señor Jesús en su vida de olvido de sí mismo, compartiendo las tristezas de los demás y mediante una total abnegación. ¡Una vida así debería caracterizar a cada uno de los que dicen pertenecer a él!

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Día 14

¿CÓMO LEE USTED?

(Jesús) le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Lucas 10:26

No les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. Hebreos 4:2

Algunas preguntas de la Biblia

Un hombre que conocía perfectamente el Antiguo Testamento, sobre todo la Ley dada por Dios, preguntó a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna. Es una buena pregunta que nos concierne a todos. Sin embargo, el que formuló esta pregunta no era sincero, pues deseaba probar a Jesús. Entonces Jesús le hizo dos preguntas: “¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees?”.

El primer punto capital es saber qué contiene la Biblia. Algunos hablan de este libro sin haberlo leído realmente. ¿Formamos parte de los que lo leen? ¿Conocemos su mensaje? Leer libros que hablan de la Biblia no es suficiente; necesitamos un contacto directo con el texto. Podemos leerla solos o con otras personas.

La segunda pregunta va más lejos, es decir, tiene que ver con la manera en que leemos la Biblia. Jesús interpeló sobre este punto al que le hizo la pregunta. El Señor conocía sus intenciones y quiso alcanzar su conciencia. En efecto, para leer bien la Biblia hay que leerla con una mente recta, abierta y sincera.

Leámosla con seriedad y aplicación. Pero, sobre todo, leámosla en oración, con una actitud de verdadera escucha, con nuestros pensamientos volcados hacia Dios, aquel en quien esperamos y en quien creemos. ¡Dejémonos interpelar por lo que está escrito! ¡Tomémoslo en serio y creámoslo! Luego tendremos que poner en práctica lo que leímos y creímos. ¡Esto nos transformará! En efecto, la Biblia, la Palabra de Dios, “vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

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Día 16

¿JESÚS RESUCITÓ? (1)

Después de haber padecido, se presentó (Jesús a sus discípulos) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Hechos 1:3

Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día. Lucas 24:46

–Jesús mismo había anunciado su resurrección a sus discípulos: “Después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos nada comprendieron de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se les decía” (Lucas 18:31-34).

–La tumba en la que el cuerpo de Jesús había sido colocado fue hallada vacía. Sin embargo, esta tumba había sido custodiada por unos soldados, cerrada con una enorme piedra, y sellada (Mateo 27:60, 66).

–Jesús apareció muchas veces a sus discípulos después de su muerte. Tras su resurrección, apareció al menos diez veces a los suyos, y en una ocasión apareció a 500 personas a la vez. El Señor probó que sus apariciones no eran alucinaciones, pues comió con sus discípulos, habló con ellos, lo tocaron. Le dijo a Tomás, mostrándole sus heridas: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27).

–En vano los enemigos de Jesús trataron de hacer callar, mediante amenazas, a aquellos que habían sido testigos de su resurrección (Mateo 28:11-15).

–La resurrección de Jesús y la venida del Espíritu Santo, que se produjo poco tiempo después, son el fundamento del mensaje cristiano (Hechos 2:14-36).

(mañana continuará)

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Día 17

¿JESÚS RESUCITÓ? (2) 

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. 1 Pedro 1:3

Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso. 1 Pedro 1:7-8

Cuando Jesús fue arrestado, sus discípulos lo abandonaron. Después de su muerte, estaban desanimados, temerosos y decepcionados. Aunque Jesús ya se lo había dicho, no habían comprendido que resucitaría (Lucas 24:1-11). Pero después de su resurrección y de lo que vivieron el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos, esos mismos hombres y mujeres que antes estaban desanimados fueron transformados mediante el poder de Cristo resucitado.

En su nombre trastornaron el mundo. Varios de ellos perdieron la vida debido a su fe; otros fueron terriblemente perseguidos. Su valentía no hubiese tenido sentido sin su convicción de que Jesucristo había resucitado de los muertos realmente. Pensaban que Cristo valía mucho más que sus vidas.

Jesús es un Señor vivo. Debido a su resurrección, los que lo siguen no siguen principios éticos de un jefe religioso mortal, sino que tienen una relación viva y personal con un Salvador vivo. Hoy Jesucristo vive y cuida a aquellos que confían en él y le obedecen.

A lo largo de los siglos, multitudes de hombres y mujeres reconocieron la importancia de creer en Jesucristo resucitado, ese Salvador vivo que quiere conducirnos por las sendas elevadas, y a veces audaces, de la fe. “El Señor es mi pastor; nada me faltará” (Salmo 23:1). ¡Él hizo todo lo necesario para que fuese posible!

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Día 18

GOZO Y PAZ

El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer. Romanos 15:13

«¿Qué lo hace feliz?». Esta fue la pregunta que leí en la primera página de una revista muy conocida. Al hojearla descubrí una multitud de artículos destinados a amoblar y decorar la casa, o a crear un jardín más bonito. Vivir en un espacio agradable y confortable puede, sin duda, contribuir al bienestar, pero este privilegio no es accesible a todos.

En cambio, hay una felicidad a la que todos tienen acceso y es gratuita. “He aquí os doy nuevas de gran gozo”, dijo el ángel a los pastores cuando Jesús nació. “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11). El mundo de aquel entonces no quiso recibir esta buena noticia, pero hoy, todo aquel que se acerca a Jesús con fe puede experimentar el verdadero gozo de la salvación, del perdón y de la vida eterna.

Dios también da la paz: “Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Él mismo hizo la paz “mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Jesús, muerto y resucitado, dijo a sus discípulos tristes y temerosos: “Paz a vosotros” (Juan 20:21). Creer en el Señor Jesucristo es experimentar esta paz profunda en nuestra conciencia y su gozo en nuestro corazón. Los primeros cristianos de Roma poseían esta felicidad y esta paz, y el apóstol Pablo deseaba que estuviesen rebosantes de ellas.

Cristianos, oremos para que Dios nos ayude a estar llenos de ellas y a transmitirlas a los que nos rodean.

“Por cuanto me has alegrado, oh Señor, con tus obras; en las obras de tus manos me gozo” (Salmo 92:4). “Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:28).

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Día 19

¿QUERÉIS ACASO IROS TAMBIÉN VOSOTROS?

Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Juan 6:67-69

Algunas preguntas de la Biblia

A veces los milagros y las enseñanzas de Jesús despertaron entusiasmo, y multitudes acudieron a escucharlo. Pero el entusiasmo no es fe, y cuando Jesús mostró lo que implica la fe, muchos se alejaron. Jesús sintió tristeza al ver esas deserciones, pero sabía que la hora de la verdad debía llegar para cada persona, e hizo esta pregunta a los discípulos más cercanos a él: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”.

A la hora de tomar decisiones, o en medio del sufrimiento y el desánimo, nosotros que hemos escuchado las enseñanzas de Jesús, ¿daremos marcha atrás? ¿Formaremos parte de los que desertan? Las buenas costumbres no bastarán para retenernos, ni siquiera el afecto de nuestros amigos creyentes... ¡solo la fe determinará nuestra decisión!

Pedro, espontáneo y en un impulso de afecto y sinceridad, respondió: “Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Su respuesta hace resaltar los dos puntos de apoyo de su fe:

– Primero las palabras del Señor, mediante las cuales encontró la vida eterna, es decir, una vida que lo puso para siempre en relación con Dios mismo; desde entonces las palabras de Jesús alimentaron su vida.

– Luego Pedro fue hasta el corazón de su fe: creyó, y por lo tanto supo que Jesús es mucho más que un hombre. Es aquel a quien Dios designó, único entre los hombres. Es el Mesías, “el Hijo de Dios”, el Salvador del mundo.

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Día 20

¡MAMÁ, POR FAVOR NO ORES!

Encerraron gran cantidad de peces... Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él... Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Lucas 5:6-10

«Erino, me faltan veinte céntimos para comprar un kilo de pan. Hoy compra solo una libra», había dicho la señora Dapozzo a su hijo.

Erino se puso en marcha. En el camino sintió el deseo de orar. Con ocho años sabía muy bien que su madre era una hija de Dios, pero también sabía que él no lo era. Silenciosamente oró: «Señor, conoces a mi mamá y sabes qué buena es. Yo no soy hijo tuyo, pero mi mamá sí. Le faltan veinte céntimos. Ya que tú lo puedes todo, podrías hacer que los hallase debajo de esta piedra...».

El niño se acercó a la piedra, la levantó y... ¡encontró una moneda de veinte céntimos! Primero se llenó de alegría, pero luego tuvo temor, incluso pánico. Al igual que Simón Pedro en otro tiempo, ¡Erino se dio cuenta de que Dios estaba allí! Si había escuchado su oración, eso significaba que veía muy bien todo lo que sucedía en su corazón. ¡Y sabía que en su corazón no todo estaba en regla!

Cuando llegó a casa con el kilo de pan, contó a su madre lo que había sucedido. Ella respondió tranquilamente: «Erino, un día serás predicador; oro por ti».

«¡Oh no, mamá, por favor no ores! ¡No quiero ser predicador, sabes que seré un gran futbolista! Todo el mundo me dice que soy muy buen jugador...». Sin dejarse detener por las protestas de su hijo, la señora siguió orando... Y su hijo se convirtió en un predicador muy útil en las manos de Dios.

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Día 21

¡MIRA, LEE, Y ESCUCHA! (1)

(Dios) hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número... Detente, y considera las maravillas de Dios.  Job 5:9; 37:14

¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre! Juan 7:46

Escuchamos muchas voces en el mundo, difundidas por el entorno, la escuela, los medios de comunicación. Pero Dios, ¿cómo nos habla? Mediante las circunstancias que nos llevan a hacernos preguntas: la soledad, la muerte de un ser querido, la enfermedad, la pérdida de un trabajo... pero también por el simple hecho de existir, de respirar, de pensar, de crear, de reír, de amar, de aspirar a la justicia...

¿Es Dios quien nos habla? Sin duda, pues no hay nada que ocurra por casualidad: “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” (Lamentaciones 3:37). ¡Dios nos habla claramente a través de las circunstancias de nuestra vida!

Además la creación, tan rica, tan hermosa y tan bien coordinada, ¡es la primera tarjeta de presentación de Aquel que nos llamó a la vida! Mediante la extraordinaria variedad de formas, de colores, de circunstancias, de gustos, de sonidos, de olores y acciones, Dios nos muestra de manera evidente su inteligencia y su poder, su amor y su delicadeza.

Sin embargo la voz de Dios se hace todavía más apremiante a través de la persona de Jesucristo. En él Dios se manifiesta como hombre, para estar en medio de nosotros. Jesús, todopoderoso pero cercano a los hombres, multiplicó los panes, sanó a los enfermos y caminó sobre las aguas. Su objetivo no era sacarnos de nuestra condición humana, sino darse a conocer a nosotros como un Dios que nos ama. Dios habló mediante Jesús denunciando nuestras faltas, pero ofreciéndonos su perdón.

(mañana continuará)

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Día 22

¡MIRA, LEE, Y ESCUCHA! (2)

(Dios) nos ha hablado por el Hijo.  Hebreos 1:2

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. 2 Corintios 5:19

La Biblia es la Palabra de Dios, y ella es otra manera usada por Dios para darse a conocer. También nos muestra quiénes somos y el valor que nuestra vida tiene para Dios.

La Biblia no es un libro como los demás. Ella habla de un Dios que se comunica con su criatura. En varias porciones podemos leer: “Así dice el Señor”. Un Dios cuyo anhelo es escuchar y ayudar a los hombres, un Dios que pudo preservar su Palabra a pesar de todos los esfuerzos de quienes quisieron hacerla callar o desaparecer a lo largo de los siglos. Un Dios que guardó al pueblo hebreo como nación durante milenios, algo único. Un Dios que anunció muchos eventos que se cumplieron al pie de la letra. Por ejemplo, la Biblia contiene más de 300 profecías que anuncian la venida de Jesucristo a la tierra, y que efectivamente tuvo lugar.

El Dios de la Biblia también es el Dios Salvador. Los autores inspirados concuerdan, a pesar de su impresionante número (al menos 40) y las diferentes épocas en las que vivieron (unos 1.500 años): ¡el hombre necesita un mediador para poder reconciliarse con Dios! Este mediador es Jesucristo. Gracias a su sacrificio, Dios perdona a aquel que se arrepiente de sus actos desobedientes, de su rebelión, de sus errores. Todo el que reconoce que es pecador, puede volverse a Dios: sus pecados fueron borrados; Jesús los expió.

¡Nunca caímos demasiado bajo para ser salvos por Jesucristo! La Biblia nos presenta el Evangelio, las buenas nuevas, y ese Evangelio es un poder de vida para salvación de aquel que cree (Romanos 1:16). ¡Léala y créala!

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Día 23

LA SIMPATÍA DIVINA

El Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores. Lucas 7:13

En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. Salmo 94:19

En cada paso que dio, Jesús se encontró con el sufrimiento y la muerte, consecuencias del pecado para el hombre. Se conmovía profundamente y podía secar las lágrimas, como lo hizo con aquella viuda en duelo por su hijo único (Lucas 7:13). En otra ocasión, cuando Juan el Bautista fue ejecutado, sus discípulos, desorientados y afligidos, fueron a Jesús y le contaron lo que había sucedido.

Esta actitud de Jesús se repite con frecuencia en los evangelios; los que lo conocían a menudo sintieron su compasión y su profunda simpatía. En medio de su profunda tristeza se encomendaron a él, y siempre experimentaron lo mismo: los cuidados y el consuelo únicos que da el Señor. Como sabían que el Señor mide la prueba, la comprende y la vive junto al que sufre, ellos mismos iban a recibir un consuelo divino.

 

Incluso si ahora no vemos a Jesús como lo veían los discípulos, mediante la fe podemos sentir la realidad de su comprensión y consuelo. Gracias a él tendremos la fuerza para dejar una tumba en la que descansa el cuerpo de un ser querido, y de estar a Sus pies para exponerle nuestra tristeza, nuestra desesperación.

Entonces no nos sentiremos decepcionados, pues Jesús comprende el corazón desesperado por el peso del dolor. Siempre está dispuesto a escuchar, listo para responder, aliviar y consolar a todo el que confía en él. ¡Él mismo pasó por tantos sufrimientos!

“No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).

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