Su nombre escrito en una lápida

Charles Mez, empresario de Basilea (Suiza), caminaba un día de invierno por el cementerio de Königsfelden. La nieve recubría la mayoría de las tumbas e impedía leer los nombres inscritos en las lápidas. De repente se detuvo. En un monumento protegido por un abeto, pudo leer un nombre, y ese nombre era el suyo: «Charles Mez». No sabía quién podía ser su homónimo cuyo cuerpo descansaba ahí, pero el hecho de que el único nombre así visible en todo el cementerio fuese el suyo, le impresionó mucho.
Bajar el audio si no puede escucharlo en línea