LA VIUDA DE SAREPTA

Nuestra sociedad consumista no nos impulsa a compartir.  En nuestro sistema materialista siempre se nos está remachando que necesitamos "ponernos al día", adquirir este aparato eléctrico o aquel nuevo producto. En nuestro sistema consumista, en teoría, nunca nos sobra nada, y, por eso, mismo siempre encontramos una excusa para "no dar".

En una sociedad consumista, en donde cada uno piensa en su propio interés, parece fuera de lógica hablar de dar, de compartir, de ser dadivoso.

Ante el egoísmo que cierra el corazón, la Biblia destaca la figura de personas pobres que se atreven a desprenderse de lo que les es necesario. En el capítulo 17,8-24 del primer Libro de los Reyes, aparece la viuda de Sarepta a quien el profeta Elías le pide un jarro de agua; la viejecita sale corriendo a buscarlo: no se aprovecha de la necesidad del profeta, y no le pone "un precio" a su jarro de agua.

Y algo admirable: el profeta le asegura que Dios le garantizará abundancia de alimentos, si le entrega toda su harina y aceite; la viuda no se pone a especular acerca de si el profeta es un farsante; sencillamente le entrega todo.

Aquí se evidencia el cumplimiento exacto de una de las promesas de Jesús. El Señor dijo: "Den a otros, y Dios les dará a ustedes. Les dará en su bolsa una medida buena, apretada, sacudida y repleta. Dios los medirá a ustedes con la misma medida con que ustedes midan  a los otros'' (Lucas 6, 38) La viejecita “midió" al profeta con audaz generosidad, y no dice la Biblia que la viuda tuvo alimentos "para pasar el rato", sino afirma que tuvo abundancia de harina y de aceite. Ella se fió de la Palabra de Dios y no se sintió defraudada.

Ei poeta hindú Tagore escribió el cuento de un mendigo al que se le iluminaron los ojos cuando vio que el rey se bajaba de su carroza y llegaba hasta él. El mendigó pensó que sus problemas económicos se habían arreglado. El rey se llegó hasta    el mendigo y le dijo: "Dame algo de lo tuyo”. —El mendigo, con rabia interna, se llevó la mano al bolsillo y le entregó unos granitos dé arroz.  Al día siguiente, en su bolsa, encontró que los granitos-de arroz,-que había entregado al rey, se habían convertido en  granitos de oro. '*¿Por qué no le di más?", dijo el mendigo angustiado y dolido.

A la petición del  Señor: “Dame algo de lo tuyo", podemos responder con la tacañería del mendigo del cuento de Tagore, o con la generosidad de la viuda de Sarepta.  El mendigo a causa de su mezquindad quedó completamente frustrado. La viuda de Sarepta pudo experimentar, con asombro, cómo de su miseria brotaba la abundancia. A cada uno nos corresponde escoger.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén